
No soy una persona a la que le guste perder tiempo cocinando, y como además tengo buen apetito, no necesito adornar demasiado mis platos. Soy de esas personas que descubren nuevas palabras leyendo el listado de ingredientes de una receta fácil sacada de algún libro de cocina. Un día normal, alguna verdura o ensalada de primero, y algo de pescado o carne a la plancha de segundo, me sirven como platos centrales en la comida. Para la cena, una tortilla francesa, o huevo a la plancha, o simplemente las sobras de la comida, con algo de acompañamiento. No tengo problema. Eso sí, hay una serie de sabores que no puedo con ellos. Son pocos, es verdad, y tal vez mi aversión puede responder a algún tipo de trauma infantil. Por ejemplo: no puedo con las salchichas de frankfurt. Su sabor y su olor son superiores a mis fuerzas, ¡no puedo con ellas!
A punto estuvo de pasarme algo parecido con la verdura que he tomado hoy para cenar. En Aragón la llamamos bisalto, en otras zonas de España, tirabeque... y aunque pensaba que era una humilde verdura rural del valle del Ebro, excluida de las grandes cadenas de distribución, resulta que la conocen incluso en el extranjero: la llaman pois gourmand o pois princesse en francés, piselli mangiatutto y taccola en italiano... ¡si hasta tienen nombre en inglés, snow peas!
El caso es que en casa la única que comía bisaltos era mi abuela. Ni a mis padres ni a mi hermano ni a mí nos gustaban. Yo creo que en algún momento incluso llegué a probarlos (con esa predisposición adolescente a no dejar que probar las cosas pueda llevarnos a cambiar una idea preconcebida, en lo que se refiere a comida en general y verduras en particular). Hace unos años (cinco, concretamente) murió mi abuela. Puede que desde entonces no hubiese vuelto a ver bisaltos. Pero este invierno descubrí que hay vida más allá del Mercadona y el Eroski, y para comprar ciertos productos, he empezado a frecuentar las pequeñas tiendas "de toda la vida". Esta tarde, después de años sin haber vuelto a ver bisaltos, en la verdulería de la que soy cliente desde este invierno, me he dado de morros con los dichosos bisaltos. Casi me he emocionado, recordando a mi abuela (¿¿¿pero cómo que no te gustan??? Anda, come unos poquicos, ¡ignorante!). La verdulera, tras recordarme que los bisaltos son una verdura de temporada, que vienen solo para abril y mayo, me ha explicado varias maneras de hacerlos, y me ha aconsejado que aproveche el caldo de cocción, que es "delicao" (ha dicho, literalmente). He simulado (por respeto) un gran interés por las recetas que iba desgranando, pero uno ya lleva demasiado tiempo cocinando ciertas verduras al vapor y apañándolas con un simple chorro de aceite de oliva virgen como para meterme en aventuras culinarias.
Y así me los he hecho esta noche para cenar: al vapor, con un pelín de sal y aceite de oliva. Mi abuela igual hubiese dicho que hacerlos así era malemplearlos, que hay que cocerlos como se ha hecho toda la vida, con un poco de patata y tal. Será por el recuerdo de mi abuela, o porque realmente tienen un sabor tan característico como sutil... pero a mí me han sabido a gloria.