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domingo, 15 de febrero de 2009

Volviendo al buen camino...


Pues nada, que aunque esta semana pasada apenas he podido meterle mano al blog (en el buen sentido, claro), la verdad es que me he portado más o menos bien, y he conseguido quitarme esos 800 dichosos gramos que me había echado encima. Vamos, que vuelvo a estar en 87.2, como hace varias semanas...

Para esta semana me he propuesto el objetivo de bajar por fin de 87, que ya me vale... Como los días empiezan a alargar un poco, espero retomar más en serio la bici; la semana pasada me di el primer paseo post-invierno, a pesar de la ciercera que hizo ese día. Hacía tiempo que me picaba el gusanillo de coger la bici, no solo por el tema de salud y peso, sino fundamentalmente porque el pasado mes de septiembre descubrí un paraje, a 20 min. en bici de la localidad donde vivo, que ejerce sobre mí un efecto relajante. No sé, el lugar no tiene nada de extraordinario, pero me siento especialmente bien cuando estoy allí. El caso es que con el tiempo tan asquerosillo que ha hecho este invierno, hacía tres meses que no iba a "mi" sitio, y la semana pasada, con la excusa de coger la bici, volví. A ver si esta semana que viene me vuelvo a acercar un día, hago alguna foto y os la cuelgo por aquí. Y de paso, a ver si para entonces os puedo dar la noticia de que he bajado de los 87...

lunes, 9 de febrero de 2009

Paisaje tras la batalla...


Pues tal como me temía, desde el miércoles por la noche hasta prácticamente el domingo por la tarde ha sido un festival de carbohidratos. Y no me refiero a acelgas y pan integral precisamente. Pensaba contar con detalle todo lo que me metí entre pecho y espalda, pero he decidido hacer borrón y cuenta nueva. Al fin y al cabo, al subirme esta mañana a la báscula, me temía una catástrofe, y al final, solo he recuperado 800 miserables gramos... O sea, que vuelvo a estar en 88, pero con ganas de volver al buen camino.

De todos modos, esta "recaída" me ha servido para volver a reafirmarme en algo a lo que ya aludí en algún otro post: la retirada de los hidratos de carbono (me refiero a los malos) presenta cierto parecido con la retirada de la nicotina (y lo dice alguien que acaba de cumplir hace pocos días un año sin fumar...). Cuesta decir "basta", y en cambio es fácil decir, "bah, total ya, por uno más...".

Bueno, pues lo dicho, que tras el terremoto, viene la reconstrucción. ¡Espero!

viernes, 6 de febrero de 2009

Telegrama desde el "infienno".


Estoy en el infierno STOP he sido malo, malísimo, aunque no haya sido mea culpa STOP desde el miércoles por la noche, festival continuo de hidratos de carbono, y además, de los peorcitos, incluyendo nachos, bocatas, pasta, dulces... STOP eso sí, he hecho algo de deporte STOP en cuanto tenga más tiempo, cuento más por extenso STOP buen finde! STOP

domingo, 1 de febrero de 2009

Ave María Purísima...


Invocando esas palabras, da comienzo el acto de confesión católico. No quisiera que sonase irreverente, solo quería ilustrar que este fin de semana... he pecado.

Todo comenzó el viernes; teníamos una cena con la gente del trabajo, pero como ya hace días que habíamos tenido que elegir el menú, había hecho una elección bastante aceptable: una ensalada con queso de cabra y frutos secos, y de segundo, pescado. Tenía claro que no iba a comerme el postre y tampoco iba a probar el pan. Y para beber, un par de copas de vino, máximo. Estaba tan decidido, que me premié por adelantado permitiéndome el lujo de tomarme una caña (pequeña) antes de cenar, mientras esperábamos en el bar del restaurante. Y a pesar de la cañita, todo fue muy bien, porque cumplí lo planificado.

El problema fue después, cuando nos fuimos a echar la primera copa. Pedí mi acostumbrado brugal con cocacola light y... ¡oh, decepción inenarrable! "No tenemos nada light", fue la respuesta de la camarera, que se debía de llamar Eva y en vez de una manzana sostenía una botella de cocacola normal. No me hacía ni pizca de gracia meterme entre pecho y espalda unas cuantas cucharadas de azúcar disuelto en cocacola, pero la cerveza no era una alternativa mejor, y no iba a pasarme la noche a aguas. Así que me dije, "más se perdió en Cuba". Y dado lo bien que me lo estaba pasando, pensé en algún otro refrán o frase hecha que sirviese de coartada, y me vino a la cabeza aquello de que "París bien vale una misa". Así que en el bareto este terminaron cayendo dos cubatas (con cocacola normal). Luego cambiamos de garito, y el tercer cubata (creo que fue el último, pero no pongo la mano en el fuego) ya fue light.

La verdad es que tampoco suena tan terrible (todavía). Lo terrible fue la resaca del día siguiente, sábado. Para colmo, esa noche tenía otra cena (esta vez con mis amigos) y posterior cubateo. A las 8 de la tarde tenía tan mal cuerpo que a punto estuve de quedarme en casa, pero uno tiene muy a gala no quedarse un sábado en casa si no es por circunstancias muy excepcionales. Ya en el bar, mientras esperábamos a tener mesa libre, decidí emular lo de la noche anterior y tomarme una cañita. No os podéis imaginar lo maravillosamente bien que me sentó. Fue como si aquella cerveza hubiese eliminado en dos tragos mi terrible resaca. Y se despertó en mí una sed instintiva, casi desesperada, de cerveza, y a cerveza que estuve toda la santa noche. Yo no hacía más que acordarme de que la cerveza tiene no sé qué azúcar con un índice glucémico como para tumbar a un elefante (¿puede ser la maltosa?), pero nada, ¡venga cerveza! Eso sí, por lo demás, no probé ni una molécula de pan, de patata o de dulces. Solo cerveza. Y hoy, ni resaca ni nada; estoy cansado perro, eso sí, porque a mi edad lo de salir dos días seguidos debería estar prohibido, pero aunque estoy arrepentido de pecar... resacoso, no estoy.

Lo normal en estos casos (después de pecar y confesarse) es cumplir la eventual penitencia. En mi caso, está clara: tener que volver a inducción. Pero es que desde el miércoles por la tarde hasta el viernes por la noche voy a estar de viaje, y no sé muy bien qué me va a tocar comer y beber. Así que estoy temblando, porque me temo que no podré cumplir mi penitencia hasta la semana que viene. A ver mi báscula-confesora qué me dice mañana, si es bondadosa e indulgente (y no he ganado demasiado peso), o si me condena sin absolución al fuego eterno. Ya os contaré.

miércoles, 28 de enero de 2009

¿Perdiendo agua?


No sé si os pasará, pero ¿no os resulta un poco frustrante que siempre nos digan que al principio de una dieta lo que se pierde es, sobre todo, agua? A mí la verdad es que (aun sabiendo que en parte es verdad) me fastidia un poco, porque uno, todo contento e ilusionado con los primeros éxitos, cuando comenta "he perdido tantos kilos", enseguida se encuentra con la consabida respuesta: "bah, al principio lo que se pierde es agua". Pues hombre, contando con que nuestro cuerpo es agua en un 70%, ¡tampoco es tan grave!

La próxima vez que vuelva a coger algún kilo (¡toco madera!) y alguien me lo haga saber, le pienso contestar: "bah, tranquilo, los kilos que me estoy cogiendo son de agua", y me quedaré tan ancho. Y por cierto, no sé si vuestros amigos y familiares son tan capullos como los míos: que enseguida se dan cuenta cuando engordas, pero que ni pestañean si te ven con cinco kilos menos. En fin, siempre me quedará la ropa (que vuelve a empezar a ser mi amiga) y las tiras de la acetona.

Y todo esto, para contar que esta mañana la báscula ha tenido a bien mostrarme una bonita cifra que hacía ya algún mes que no veía: 87.2. Ahora, ¡a por los 86! Atrás, muy atrás, quedan ya los 92 que volví a rozar en Navidad...

lunes, 26 de enero de 2009

Hablemos, hablemos...


En el post anterior citaba uno de los libros sobre salud y dietética que más me ha gustado e influido: Hablemos de adelgazar, del doctor Álvaro Luengo. El libro, escrito de forma rigurosa y aun así muy amena, está orientado a definir la obesidad, señalar sus consecuencias sobre la salud y repasar las distintas soluciones que se le han venido dando.

En uno de los apartados del libro, el autor revisa distintas dietas y métodos en un tono científico, sincero y (tal vez por todo ello) no exento de un punto de saludable humildad, de esa misma de la que carecen la mayor parte de autores de libros de dietas (que suelen creerse en posesión de la Verdad). En este post quiero reflejar lo que dice el autor sobre Atkins, tratando de resumir las páginas que le dedica en su libro (pp. 151 a 156).

Hablando de la publicación en 1972 de la primera edición de La revolución dietética del Dr. Atkins, dice el doctor Luengo:

El cardiólogo norteamericano Robert C. Atkins (...) desarrolló en la década de 1960 una drástica y revolucionaria dieta (...). Las consecuencias de su irrupción en el mundo de la dietética fueron tremendas. Sus teorías fueron inmediatamente demonizadas por la comunidad científica, a pesar del elevado porcentaje de practicantes que consiguieron sorprendentes e indudables resultados (aunque no siempre exentos de problemas).

A continuación, hace un repaso de las cuatro fases de la dieta (inducción, pérdida progresiva de peso, premantenimiento y mantenimiento), demostrando que el autor sabe de qué habla (no como muchos otros que hablan de esta dieta sin conocerla). Por ello, son aún más interesantes los comentarios y la crítica que realiza:

Las críticas a esta dieta han sido muy feroces y de todos los colores: que es una dieta carente de base científica (aseveración muy dudosa, como ya hemos visto), que produce acetona (afirmación que sí es cierta, aunque Atkins le quiere dar la vuelta a la tortilla y presentarlo como una ventaja (...)), que sube los niveles de colesterol y ácido úrico, que altera los niveles de potasio y que puede llegar a provocar arritmias... Y todo eso podría suponer la aparición de posibles complicaciones muy a tener en cuenta.

Después de aclarar (supongo que para curarse en salud) que él no pediría a ningún paciente que realizase la dieta, a no ser que pudiera ingresarlo en una clínica y pudiera realizarle así todas las revisiones y analíticas que considerara oportunas, termina el autor reconociendo que:

(...) hay que abrir los ojos y darse cuenta de que sus seguidores [de la dieta Aktins] se han apoyado siempre en un hecho indiscutible en el que los científicos no han querido nunca centrar su atención: que la dieta funciona espectacularmente en un elevado porcentaje de casos.

Para terminar, una reflexión que hace el autor unas pocas páginas antes, hablando de Kekwick y Pawan (dos investigadores precursores de las dietas bajas en hidratos de carbono). Acerca de estos, afirma Luengo:

A pesar del prestigio de los investigadores, los resultados de sus estudios fueron acogidos con escepticismo una vez más, aunque actuaron como disparadero de una intensa controversia que se mantiene hasta nuestros días (...). Lamentablemente (...), la comunidad científica en general continúa sin aceptar la validez de las dietas bajas en carbohidratos (...), aferrándose al mencionado principio de que "una caloría es una caloría " y alegando que "no se ajustan a las teorías científicas actuales", llegando al absurdo en su pretensión de que sea la realidad la que se tenga que ajustar a la teoría en lugar de ser la teoría la que se encargue de explicar los resultados obtenidos en la práctica.

No sé a vosotr@s, pero a mí, este doctor me inspira verdadera confianza.

viernes, 23 de enero de 2009

A ver si tienes huevos.


El humilde huevo ha sido uno de los alimentos más denostados de nuestra dieta. La acusación más grave que se le hacía es que un consumo "excesivo" de huevos era perjudicial para el colesterol. En realidad, cualquier cosa en exceso (no solo los huevos) es perjudicial, y no solo para el colesterol. El problema es que se llegó a considerar "excesivo" tomar más de dos huevos por semana. La mala prensa del huevo se debe a su alto contenido en colesterol (unos 250 ó 300 mg. por unidad) y a su elevado contenido en ácidos grasos saturados (con solo leer esto, casi dan miedo, ¿no?).

A cambio, las proteínas del huevo son de alto valor biológico, y aparecen además junto a cantidades notables de minerales (potasio, calcio, sodio, hierro, cloro, fósforo...) y de vitaminas (provitamina A, ácido fólico, vitaminas B1, B6 y B12, entre otras). ¿No está mal, no? Por todo ello, y porque su contenido en hidratos de carbono es prácticamente inapreciable, no es de extrañar que los seguidores de Atkins encontremos en el huevo un aliado perfecto. Y lo mismo deben de pensar quienes siguen una alimentación ovo-lácteo-vegetariana o los que se preocupan por su ácido úrico (dado que el huevo es el único alimento animal que no lo contiene en absoluto).

Pero veamos... ¿realmente el consumo de huevos influye en el colesterol tan negativamente como se venía creyendo? Parece ser que no. ¿Y por qué? Veamos qué dice Hablemos de adelgazar*, un libro cuya lectura recomiendo encarecidamente a todos aquellos que se preocupen por su salud (no solo por adelgazar), y del que volveré a hablar en próximas ocasiones.

"La misma membrana de la yema del huevo contiene una sustancia llamada lecitina o fosfatidilcolina que actúa como freno en la absorción intestinal de colesterol, de manera que solo una pequeña parte del procedente del huevo (...) es capaz de alcanzar la sangre".

¿Qué tal se os ha quedado el cuerpo después de leer esto? Pues veamos qué se nos dice sobre la funesta grasa del huevo:

"Su riqueza en ácidos grasos poliinsaturados -que reducen el "colesterol malo"- y en ácido oleico -que reduce el "colesterol malo" e incrementa el "bueno" (...)-, condiciona que en la actualidad se permita tomar un par de huevos, hasta tres veces por semana, incluso en los casos que presentan cifras de colesterol elevado".

Nada más que añadir; si acaso, conviene recordar que los excesos siempre son malos y que en el mercado, junto a huevos puestos por gallinas que malviven hacinadas en jaulas (y a las que literalmente se les pudren las patas por falta de movilidad), también podemos encontrar huevos puestos por gallinas que viven en un régimen de libertad o semi-libertad, y que solo son un poco más caros. También hay huevos con omega 3 y huevos ecológicos.

Así que, a falta de dulce, ¡que a nadie le amargue un huevo! Y por cierto, ya estoy en 87.8! :p


*Álvaro LUENGO, Hablemos de adelgazar, Pearson Educación, Madrid, 2007, pág. 41.