
Michael Pollan es el autor de El detective en el supermercado, un libro sobre alimentación que me he comprado esta misma mañana y que, según reza la portada, es un superventas mundial, con más de 400.000 ejemplares vendidos. Estando en la librería, he echado un vistazo al índice, y me he encontrado con un epígrafe titulado "La hipótesis lipídica se desmorona". No he podido por menos que leérmelo (dado que las críticas más feroces al método Atkins se centran en el aporte supuestamente demasiado alto de grasas). El autor explica que eso de la hipótesis lipídica se refiere a "la idea de que las grasas alimenticias son responsables de las enfermedades crónicas", y respeto a esta idea, no se anda por las ramas y señala el fracaso total de las teorías (o dogmas) que culpabilizaban a las grasas como fuente principal de todos nuestros males.
Pollan se refiere a un artículo de un grupo de importantes científicos de la Escuela de Salud Pública de Harvard sobre la relación entre grasas alimenticias y riesgo de cardiopatías coronarias. En ese informe, los autores reconocen que durante las últimas décadas "la reducción de la ingesta de grasas ha sido el centro de atención de las recomendaciones dietéticas nacionales. Para la mayoría de la gente, las palabras grasas alimenticias se han convertido en sinónimas de obesidad y enfermedades cardiacas, mientras que las expresiones bajo en grasas y libre de grasas lo han sido de salud cardiaca". Sin embargo, dicen, "se acepta cada vez más que la campaña a favor de una alimentación baja en grasas estaba basada en escasas pruebas científicas y puede haber tenido consecuencias no deliberadas sobre la salud". La excepción, por supuesto, son las temibles grasas vegetales hidrogenadas, que, paradójicamente, son las únicas permitidas en muchas dietas "bajas en grasa", y que sí han demostrado sus efectos letales para la salud coronaria.
Supongo que a los lectores de Atkins todo esto nos suena bastante, ¿no? En fin, a ver si me leo el libro completo y os cuento qué tal. ¡Feliz fin de semana!
Pollan se refiere a un artículo de un grupo de importantes científicos de la Escuela de Salud Pública de Harvard sobre la relación entre grasas alimenticias y riesgo de cardiopatías coronarias. En ese informe, los autores reconocen que durante las últimas décadas "la reducción de la ingesta de grasas ha sido el centro de atención de las recomendaciones dietéticas nacionales. Para la mayoría de la gente, las palabras grasas alimenticias se han convertido en sinónimas de obesidad y enfermedades cardiacas, mientras que las expresiones bajo en grasas y libre de grasas lo han sido de salud cardiaca". Sin embargo, dicen, "se acepta cada vez más que la campaña a favor de una alimentación baja en grasas estaba basada en escasas pruebas científicas y puede haber tenido consecuencias no deliberadas sobre la salud". La excepción, por supuesto, son las temibles grasas vegetales hidrogenadas, que, paradójicamente, son las únicas permitidas en muchas dietas "bajas en grasa", y que sí han demostrado sus efectos letales para la salud coronaria.
Supongo que a los lectores de Atkins todo esto nos suena bastante, ¿no? En fin, a ver si me leo el libro completo y os cuento qué tal. ¡Feliz fin de semana!



