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lunes, 20 de abril de 2009

Dejándome tentar (capítulo 1000: los crespillos)


Dicen que Jesús de Nazaret se retiró al desierto para meditar durante 40 días, al cabo de los cuales fue tentado por Satanás, que le ofreció todo lo que solemos desear los seres humanos, especialmente cuando hemos sido privados de ello: comida, orgullo y poder. En mi caso, mal habría ido el asunto, porque no es que yo ceda a la tentación tras 40 días, es que yo cedo a la tentación cada 40 horas. Cada 40 minutos, en los peores días. Y no hace falta que venga el diablo a dar por saco: son los carbohidratos los que vienen a mi encuentro de las formas más variopintas e inesperadas.

Hoy mismo, que llevaba todo el día portándome francamente bien, la tentación ha venido en forma de crespillos. Los crespillos son un postre que se toma en la comarca altoaragonesa del Somontano de Barbastro, para la festividad de la Encarnación (25 de marzo), fecha en la que se supone que la Virgen quedó preñada, para dar a luz 9 meses después, en diciembre, cuando se recoge la oliva. Según la tradición popular de la zona, si la Virgen y las oliberas (como se les llama por aquí a los olivos) obtienen su fruto por las mismas fechas, es de esperar que se queden preñadas al mismo tiempo, es decir, nueve meses antes, para la Encarnación. Así que consumir crespillos se consideraba una especie de rito para que las oliberas se preñasen abundantemente y hubiese una buena cosecha después.

Hablando hace semanas con una amiga de Barbastro, le comenté que nunca había probado los dichosos crespillos, y ahí quedó la cosa. ¿Quién iba a esperar que hoy, casi un mes después de la Encarnación, apareciese, la pobre, con un enorme plato de crespillos recién hechos? Los crespillos son hojas de borraja (una humilde verdura típica de Aragón y otras zonas del valle del Ebro) rebozadas en una pasta de harina, huevos, azúcar, leche, granos de anís, etc., que se fríe en aceite de oliva y se espolvorea de azúcar (tenéis recetas en internet, pero no os pongo los enlaces para no tentaros más de lo necesario).

Así que ahí estaba yo, frente al plato de crespillos, y junto a mi amiga, expectante a ver qué tal me parecían sus crespillos. ¿Quién se va a resistir, y más en pleno periodo de "viva la vida, abajo la dieta"? Ni que decir tiene que estaban riquíiiiisimos...

Para otro día queda pendiente que os hable un poco más por extenso de la versión inofensiva de este postre: la borraja. Pero eso será otro rato.

5 comentarios:

Carina dijo...

"Así que consumir crespillos se consideraba una especie de rito para que las oliberas se preñasen abundantemente y hubiese una buena cosecha después."
estas intentando quedar embarazado????????
nooo un metodo anticonceptivo ya !!!
es una buena excusa: no gracias ,no como crespillos porque no quiero ser padre tan joven!!!!
jajajaja.bueno ya esta empezá de nuevo y listo...
Eso si mira que sos re aragones..tentarte con borraja rebozada!!!!
besos castos.....

Melora dijo...

Pues tienen una pinta.... ummm

siempreadieta dijo...

Joer, Carina, lo que me faltaba para mantener la tripilla en su sitio, ¡quedarme preñado! No, no, de momento no entra en mis planes... y mucho menos dar olivas, jejeje.

Y Melora... aún saben mejor de lo que parece por la simple foto... pero no te lo aconsejo, porque estas cosas rompen la rutina más férrea...

Hecho de menos algún comentario de Primaveritis, tipo el que me hizo cuando la trenza de Almudévar...

;)

M dijo...

será borraja rebozada como dice Cari pero q pinta tienen! q me voy pa mi camita q no se que se les ha dado a uds pa poner fotos de cosas apetitosas diosmio!

PRIMAVERITIS dijo...

Es que a mi la borraja..... aunque sea rebozada y azucarada........, no se, si le quitan la hoja y lo dejamos en unos buñuelos ya me parece más tentador.
y eso que ahora a mi no me tienta nada, tres meses sin hidratos y estoy absolutamente desintoxicada :)